Artículo del Centro · Cirugía de Columna

¿Cuándo es realmente necesaria una cirugía de columna? Mitos y realidades

Por Priscila Alvarado Solana · Neurona Magazine··5 min de lectura
Ilustración de una columna vertebral con un disco intervertebral resaltado en verde

Pocas frases asustan tanto en un consultorio como “tienes una hernia de disco”. En cuestión de segundos, la imaginación salta al quirófano, a la anestesia y a semanas de reposo. Sin embargo, la investigación científica de las últimas décadas cuenta una historia mucho más tranquilizadora: la mayoría de los problemas de columna mejora sin bisturí, y la cirugía queda reservada para situaciones concretas que los especialistas saben reconocer.

Las señales que sí exigen cirugía

Existen escenarios donde operar a tiempo protege funciones que podrían perderse para siempre. El más conocido es el síndrome de cauda equina, una compresión del haz de nervios que sale de la parte baja de la médula. Las guías clínicas lo consideran una indicación absoluta de cirugía urgente. Sus señales de alarma son claras: dolor ciático en ambas piernas, dificultad para orinar o para sentir el paso de la orina, pérdida de sensibilidad en los genitales o alrededor del ano (lo que los médicos llaman "anestesia en silla de montar") y problemas sexuales de aparición reciente.

También requiere valoración inmediata una debilidad muscular grave o que empeora con los días, como el llamado pie caído, que impide levantar la punta del pie al caminar. Lo mismo ocurre cuando hay sospecha de infección, tumor o fractura vertebral.

Fuera de las urgencias, la cirugía se vuelve una opción razonable cuando el dolor que baja por la pierna sigue siendo intolerable tras varias semanas de tratamiento conservador bien hecho y la resonancia muestra una lesión que coincide con los síntomas.

Mito 1: "Si la resonancia muestra algo, hay que operar"

La resonancia magnética es una herramienta extraordinaria, tan sensible que encuentra "anomalías" en casi todo el mundo. Una revisión sistemática publicada en el American Journal of Neuroradiology analizó imágenes de más de 3,000 personas sin ningún dolor de espalda. El desgaste de los discos apareció en 37% de quienes tenían 20 años y en 96% de quienes tenían 80. Los abultamientos discales pasaron de 30% a 84% en el mismo rango de edad. Los autores concluyeron que muchos de estos hallazgos forman parte del envejecimiento normal, igual que las canas o las arrugas.

La lección para el paciente es sencilla: una imagen sola nunca justifica una cirugía.

Mito 2: "Una hernia de disco nunca desaparece"

El cuerpo tiene la capacidad de reabsorber el material del disco que se salió de su lugar. Una revisión sistemática de 2024, que reunió 34 estudios y más de 2,000 pacientes, encontró que 76.6% de las hernias lumbares se reabsorbió con tratamiento conservador. El mecanismo principal es inmunológico: unas células llamadas macrófagos reconocen el fragmento herniado como tejido fuera de sitio y lo van eliminando poco a poco.

Hay un dato más contraintuitivo. Las hernias grandes, extruidas o secuestradas, que se ven más aparatosas en la imagen, tienden a reabsorberse con mayor frecuencia que los simples abultamientos.

Mito 3: "Operarse siempre da mejores resultados"

Un estudio publicado en BMJ Open comparó a pacientes con hernia lumbar operados frente a los tratados con fisioterapia, medicamentos e infiltraciones. A las seis semanas, los operados tenían menos dolor. Pasados unos meses, la ventaja desaparecía y a los dos años ambos grupos estaban en condiciones similares. Un metaanálisis de ensayos aleatorizados llegó a la misma conclusión: la cirugía acelera el alivio, pero a largo plazo los resultados se emparejan.

El Maine Lumbar Spine Study siguió a pacientes durante diez años y encontró que los operados reportaban con más frecuencia un alivio completo del dolor de pierna y mayor satisfacción. Aun así, la mejoría del síntoma principal y la situación laboral fueron parecidas en ambos grupos, y una cuarta parte de quienes se operaron necesitó otra cirugía lumbar en ese periodo. La cirugía puede ser una buena elección para quien necesita recuperarse rápido, siempre que conozca bien lo que gana y lo que arriesga.

Mito 4: "La fusión vertebral cura el dolor de espalda crónico"

La fusión consiste en unir dos o más vértebras para eliminar el movimiento entre ellas. Durante años se ofreció a personas con dolor lumbar persistente sin una causa nerviosa clara. El MRC Spine Stabilisation Trial, publicado en el BMJ, asignó al azar a 349 pacientes candidatos a fusión a recibir la cirugía o un programa intensivo de rehabilitación con enfoque cognitivo-conductual. Dos años después, no hubo evidencia clara de que la fusión superara a la rehabilitación. Casi tres de cada cuatro pacientes del grupo de rehabilitación evitaron el quirófano y mejoraron.

Mito 5: "La estenosis lumbar solo se resuelve operando"

La estenosis es el estrechamiento del canal por donde pasan los nervios y suele aparecer después de los 60 años. Provoca dolor y cansancio en las piernas al caminar. Un ensayo publicado en Annals of Internal Medicine comparó cirugía descompresiva con fisioterapia en 169 personas mayores de 50 años que ya habían aceptado operarse. A los dos años, la función física mejoró de forma similar en ambos grupos. El autor principal señaló además que alrededor de 15% de los operados tuvo complicaciones, entre ellas infecciones, problemas de cicatrización y nuevas cirugías.

Entonces, ¿qué hacer?

La evidencia apunta en una dirección consistente. Alrededor de 90% de las ciáticas causadas por hernia de disco se resuelve con medidas conservadoras: ejercicio terapéutico, fisioterapia, control del dolor y, en algunos casos, infiltraciones. Estas opciones tienen menos complicaciones y permiten que el cuerpo haga su parte.

Esto no convierte a la cirugía en enemiga. Bien indicada, devuelve la movilidad, alivia dolores incapacitantes y, en las urgencias neurológicas, protege la función de la vejiga, el intestino y las piernas. El problema aparece cuando se opera por una imagen, por prisa o por miedo, sin haber dado al tratamiento conservador una oportunidad real.

Si te han propuesto una cirugía de columna, haz preguntas: qué ocurre si espero, qué probabilidades tengo de mejorar con rehabilitación, cuáles son los riesgos concretos en mi caso. Pedir una segunda opinión es una práctica sensata y cualquier buen especialista la respeta. Tu columna te acompañará toda la vida; vale la pena decidir con información.

Priscila Alvarado Solana
Priscila Alvarado Solana
Periodista y neuroescritora · Directora de Neurona Magazine

Fundadora de Banshee Editorial y catedrática universitaria. Fusiona periodismo, literatura y neurociencia para decodificar el impacto de las palabras en la mente humana.

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